Bienvenidos a la Feria del Libro y el Conocimiento 2017

Por Dr. Ramón Javier Mestre
Intendente de la ciudad de Córdoba

Ramón Mestre

Dr. Ramón J. Mestre

Alegría, orgullo y entusiasmo. Todo eso genera la 32.° edición de la “Feria del Libro y el Conocimiento” que se desarrolla en nuestra ciudad. Nuevamente, la plaza San Martín y el Cabildo Histórico alojan a los vecinos y turistas que son amantes de los libros y el conocimiento.

No caben dudas de que nuestra ciudad, la capital social, se caracteriza por el encuentro en lo diverso; por la confluencia de las ideas y el trabajo en conjunto, a lo largo de todo el ejido urbano de la ciudad. Aquí, más de 2.600 nodos de participación dan testimonio de solidaridad y de esfuerzos colaborativos.

Por eso, la Feria del Libro es síntesis de trabajo mancomunado, donde la Sociedad Argentina de Escritores, la Universidad Nacional de Córdoba, el Gobierno de la Provincia de Córdoba, la Cámara de Librerías, Papelerías y Afines del Centro de la República (CALIPACER) y la Municipalidad de Córdoba unimos esfuerzos.

Como intendente, como vecino, como papá, me genera un orgullo inmenso que nuestra ciudad reafirme, año tras año, el desafío de tener una Feria del Libro y el Conocimiento consolidada, plural, abierta, innovadora y cada vez más participativa, con las nuevas tecnologías como herramienta de pertura.

A disfrutar de cada libro, de cada conferencia; en definitiva, del encuentro. ¡Bienvenidos a la 32.° Feria del Libro y el Conocimiento!

Por Lic. Pancho Marchiaro
Secretario de Cultura de la Municipalidad de Córdoba

Expansión y crecimiento

Pancho Marchiaro

Lic. Pancho Marchiaro

Con Guadalajara y Rosario en foco, la de Córdoba será una feria de ciudades. Con México como país destacado y mirando a la realización del Congreso Internacional de la Lengua Española, la trigésima segunda edición es un hito de crecimiento,  expansión y apertura conceptual para este acontecimiento de tanto significado en la agenda cultural del país.

La incorporación de 4 domos, uno de ellos dedicado al lenguaje digital, será su marca, redondeando un formato donde conviven carpas y domos, los libros y la tecnología, las letras y la interdisciplinariedad, asegurando al público un verdadero festival de conocimiento y circulación de ideas.

Con un festival de literatura digital para niños, esta nueva edición marcará un rumbo al futuro desentrañando manifestaciones, tecnologías y lenguajes propios de las generaciones nuevas, recreando una vez más el territorio más fértil de Córdoba para la producción de saberes.

“Con miras al CILE 2019, esta Feria del Libro será una verdadera feria del conocimiento”

Lic. Pancho Marchiaro

México y Córdoba, unidas por la Reforma

Por Norma Morandini

La historia del hombre es también la historia por su libertad. Los muros, las murallas, las cercas, las fortalezas, los paredones, las fortificaciones son la más obstinada expresión del temor a esa libertad. No son muros los que faltan en la convulsionada historia de la humanidad. Desde las murallas de Jericó del relato bíblico a la más reciente, la más amenazante, la que promete construir el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump contra México, con los mismos argumentos con los que siempre se justificó la construcción de los muros. Para evitar a los “bárbaros”, proteger los privilegios o dejar en extramuros a los indeseados: Una lógica que niega lo que nos es común, la dignidad humana. Hombres asustados de otros hombres. Ahí está como prueba incontestable La Gran Muralla China una obra defensiva imponente y desafiante, la que, dicen, “se divisa desde la luna”. Su construcción comenzó durante el Imperio Qin, continuaron las dinastías siguientes para evitar la entrada de los pueblos nómades atraídos por la prosperidad de los pueblos sedentarios. Los migrantes de hoy.

Entre el siglo V a C y el siglo XVI de la Edad Moderna, millones de hombres dejaron sus vidas entre la tierra, la piedra y la madera con la que fue construida, reconvertida hoy en un lugar turístico, símbolo del esfuerzo humano. Pero, también, de su fortificada debilidad. La misma China, por aislarse perdió su supremacía en los mares: entre 1405 y 1433, los inmensos barcos de la marina imperial , cuatro veces más grandes que la Santa María de Colón, dominaban los mares de Asia y África pero fueron los navegantes portugueses los que se impusieron porque China comenzaba un largo período de aislamiento que la debilitó y subordinó a Occidente. La historia de los muros es, también, la de su caída. La euforia por el desmoronamiento del Muro de Berlín en 1989 nos hizo celebrar el triunfo de la libertad sobre el régimen comunista que había levantado el muro en 1961 precisamente para proteger a los alemanes del Este de la democracia occidental. Ingresamos en la década del noventa obnubilados por lo que se nos ofrecía y prometía: el “fin de la Historia” y la democracia eterna.

El mundo se “globalizó”, uniformamos gustos y vestimentas, cayeron las barreras para las mercancías pero persistieron las fronteras para las personas. Revisamos el pasado de terror, condenamos los campos de concentración y los “gulag” pero reaparecieron nuevas formas de crueldad. La historia no terminó, hoy lo sabemos. El mundo vuelve a increparnos si no para su transformación al menos para su comprensión. A riesgo de escandalizar, hoy son más útiles los ensayos periodísticos que las novelas. Para recrear como ficción la verdad de un tiempo trágico, hace falta tiempo. Mañana, ya sin ira o miedo, serán los grandes relatos que al emocionarnos nos permitirán reconocer el dolor ajeno. En tanto, el periodismo literario, los pensadores, los intelectuales que participan del debate público son los que ponen voz a una época. Son los que escriben en las columnas de los periódicos, debaten, discuten, influyen, los escritores y periodistas que operan con la palabra. En México, abundan: Juan Volpi, Enrique Krauze, Juan Villoro, Héctor Aguilar Camín, Jorge Zepeda, para mencionar algunos notables escritores que son a la vez articulistas indispensables para entender hoy ese “pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, la frase atribuida al dictador Porfirio Díaz que se actualiza con cada nuevo desprecio o desconfianza del poderoso vecino con el que comparte una frontera equivalente a la extensión de Argentina. Sin embargo, México supo convivir con los desprecios del vecino sin estimular pasiones chauvinistas ni la victimización aun cuando el prometido muro de Trump anticipa pesares, desde los económicos a los humanitarios, las deportaciones, la separación de las familias, las humillaciones y un golpe al principal ingreso, las remesas de los inmigrantes, se trata de la obviedad de los muros, los que delatan la debilidad de los poderosos y los prejuicios.

Los que construyen los dogmas, separan la vida y propician la ceguera y la mentira. Es cuando el arte se hace político. Reinan las metáforas y las paradojas: los otros muros de México, más bellos, potentes y poéticos. Los que permanecen, El “muralismo mexicano”, obras monumentales que en las paredes de palacios y edificios emblemáticos han narrado la historia de México y su más fuerte marca de identidad, su prodigiosa cultura. José Clemente Orozco, Diego Rivera, Rufino Tamayo y el más estridente, David Alfaro Siqueiros que dejó enseñanzas y escándalos en su paso por Argentina donde en la década del treinta enseñó a los artistas argentinos las técnicas del muralismo. Ellos hicieron gritar los muros con sus denuncias y sus intuiciones de artistas. El legado indígena, las ideas revolucionarias y la marcha de la humanidad. Un movimiento esencialmente mexicano, nacido al calor de la revolución de 1910 y la preclara visión del filósofo y educador José Vasconcelos, el Sarmiento mexicano, quien describía a México como “un país turbulento donde la guerra se sucede a intervalos y la paz se consolida difícilmente” y el promotor de los intelectuales diplomáticos. Para concitar simpatías con ese México postrevolucionario que “repugna por lo sanguinario, pero se hace perdonar por los poetas”, las embajadas de México se convirtieron en la residencia de escritores de prestigio, los mejores propagandistas del país que se transformaba y convertía la cultura en un valor político de identidad.

Hay en la cultura mexicana una tradición de escritores que actúan como embajadores o agregados culturales y escritores que trabajan en las instituciones culturales y educativas. Es una costumbre que se ha mantenido desde el siglo pasado. Fueron embajadores, Alfonso Reyes, Amado Nervo, José Vasconcellos, Octavio Paz, Carlos Fuentes. Argentina, alejada geográficamente de México fue cercana a los escritores embajadores en nuestro país. El más reconocido, Alfonso Reyes, el primer embajador de México en Argentina. Un hombre de letras al que el mundo no le fue ajeno como él mismo decía: “mal haya los que cierran las puertas cuando afuera alguien llora o ríe”. Amigo de Victoria Ocampo, mantuvo relaciones epistolares con el entonces joven Jorge Luis Borges desde que el escritor le envío su primer libro “Fervor de Buenos Aires”. El poeta Amado Nervo, igualmente embajador en Argentina, fue testigo directo de la influencia de la revolución mexicana en el movimiento reformista del 18 con su grito libertario, “estamos viviendo la hora Americana”. A su vez, los aires reformistas del sur del continente impulsaron el Primer Congreso Internacional de Estudiantes que en septiembre de 1921 reunió en la ciudad de México a organizaciones estudiantiles de todas partes del mundo.

A pesar de la lejanía, ambos países estuvieron atentos a las mutuas vicisitudes políticas: Al virtual boicot comercial de Estados Unidos contra México, Argentina, en 1910 respondió con su primer embarque de cereales desde Buenos Aires al puerto de Veracruz. Los intelectuales antifascistas argentinos encontraron en Alfonso Reyes una voz potente contra la Guerra Civil española. Fue Deodoro Roca quien promovió el primer gran homenaje a México “por su política exterior y su revolución en marcha”. Eligió una fecha significativa, el 20 de noviembre. Décadas después, México recibió a los exiliados argentinos a los que ofreció Universidades y periódicos, los “argenmex”, muchos de ellos intelectuales destacados a lo que México les ofreció el insumo del pensamiento y la creación artística, la libertad. A riesgo de la imprudencia del olvido, menciono los que recuerdo: Tununa Mercado, Antonio Marimon, Mempo Giadinelli, Luisa Valenzuela, Alejandro Katz, Miguel Bonasso y el para todos entrañable Miguel Ángel Piccato, “el gordo”, periodista, radical y cordobés”, como lo evocaron sus compañeros del exilio. Piccato fue secretario de redacción de La Voz del Interior, fundador de la revista Jerónimo, murió en México en 1982 en las vísperas de la democratización que no alcanzó a ver, él que era el único radical en el exilio mexicano pero que abrió las páginas de su revista “La República” para que escribieran peronistas, socialistas, comunistas. Es justicia recordarlo. Hoy, las amenazas del Presidente de los Estados Unidos de completar el muro para “protegerse” de México coinciden con las vísperas del centenario de la Reforma del 18. Una travesura del calendario: la Feria del Libro de Córdoba, esa cita anual con la literatura sin muros ni fronteras, tendrá como país invitado al lejano México y a la cercana ciudad de Rosario. Un encuentro con el pensamiento y la palabra que une, invoca, provoca. Los aires de un extremo y otro del continente vuelven a cruzarse. México, una vez más desairado por el vecino, ahora mira hacia el sur del continente y a nosotros nos da la oportunidad de ser anfitriones para devolver la generosidad con el exilio y la cortesía de Alfonso Reyes, “todos aprendemos de todos”. Son más útiles los libros y las palabras que las púas y las rejas. Los muros se desmoronan, permanecen la belleza y las ansías de libertad, la postergada “hora Americana”.

Justificación de autores

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